lunes

Tuve la estrella viva en mi regazo,
y entera ardí como un tendido ocaso.
Tuve también la gruta que pendía
el sol, y donde no acababa el día.
Y no supe guardarlos,
ni entendí que oprimirlos era amarlos
Dormí tranquila sobre su hermosura
y sin temblor bebía de su dulzura

Y los perdí, sin grito de agonía
que vengo de una tierra
en donde el alma eterna no se perdía


Gabriela Mistral, fragmento final de La Memoria Divina.

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