miércoles

estoy rota
despojada en la sala
se han llevado los libros
la heladera un caos

menos mal
aun tengo mi toalla!





puedes usarla como manta cuando duermas bajo las estrellas que brillan en el planeta desierto de Kakrafoon, puedes utilizarla como una mini-lancha en el lento y pesado río Moth, puedes mojarla para participar en un combate cara a cara, puedes enrollártela en la cabeza para prevenir vapores nocivos o la mirada inquisitorial de la Hambrienta Bestia Bugblatter de Traal (un animal increíblemente estúpido que da por hecho que, si tú no puedes verlo, él tampoco te puede ver a ti: más bobo que un cepillo, pero muy hambriento), puedes agitar tu toalla como señal en caso de emergencia y, por supuesto, puedes secarte con ella si aún parece estar lo suficientemente limpia. Más importante es el inmenso valor psicológico de una toalla. Por alguna razón, si un strag (un no-autoestopista) descubre que un autoestopista lleva una toalla consigo, asumirá automáticamente que también está en posesión de pasta de dientes, toallitas, jabón, tarro de galletas, termo, compás, mapa, madeja de hilo, spray antimosquitos, cadenas para ruedas, traje espacial, etc. Más aún, el strag le prestará de buen grado al autoestopista cualquiera de esos objetos, o una docena más, que el autoestopista puede haber perdido accidentalmente. Lo que pensará el strag es que cualquier hombre que es capaz de hacer autostop por la larga y ancha galaxia, pasar apuros, malvivir, enfrentarse a terribles peligros, salir triunfante y, aún así, no olvida en ningún momento dónde está su toalla, es un hombre muy a tener en cuenta.” (Guía del autoestopista galáctico, Capítulo 3)





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¡felíz día de la toalla!

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