viernes

Enontrarlo ahí mirá, justo ahí.
Yo arriba del 300 y él allá.
¿Cuánto pasó? ¿Medio año?
Chico del tren, que ahora es chico que sale del kiosco.
¿Qué hacés por mis pagos?
No llevaba su tablero, ni su carpetota y mucho menos una maqueta.
Esa remera gastada de Los Redondos.
Me hundí en el asiento, la gente se ve ridícula cuando está arriba del colectivo.
Y arrancamos y doblamos y lo perdí de vista. Quizá para siempre.
No me arrepiento de no haberle hablado nunca.
Porque sabemos que la persona que me gusta no existe.
Entonces llego a casa, abro ese mail que una vez me mandó ella y releo lo que sé de memoria:
"el mundo quiere que te enamores y desilusiones, no hay caso"


Pero el impulso de bajar del bondi, correr, agarrarlo de la remera y decirle, con el aliento entrecortado:
- Casate conmigo, en nuestro hogar el papel higiénico jamás estará puesto al revés.

No hay caso.

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