lunes

Si hay algo que le admiro a mi papá es que nunca dejó de ser un chico. Cuando vamos a algún lado él y yo, siempre me pide plata, de vacaciones es un nene, ayer se alquiló por enésima vez Toy Story y todos los días se toma su chocolatada.
Por supuesto que en algún momento la magia de su niñez eterna se pierde, por ejemplo ahora: si llaman de su laburo me voy a ver obligada a contestar:
- No está, está haciendo Tai Chi en la plaza.
Román es hijo de otro padre por lo tanto me dijo:
- Lo siento por la genética.
Yo no, aunque eso de manguearle a mi hija para comprarme un chocolate es demasiado.

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