domingo

Este sábado fue uno de esos días:
Me acuesto a las siete de la mañana. Me llama mi viejo a las diez y milagrosamente logro despertarme y vestirme, quince minutos después estabamos tomando el tren. Por suerte el Roca iba repleto de piqueteros por lo tanto estabamos tan pero tan apretados que mi culo se hizo amigo de otro.
Llegamos a parque Rivadavia. Yo que para ciertas cosas soy muy organizada tenía un recorrido planeado para pasar por todos los puestos, una listita de libros que tenía que comprar y en suficiente espacio en mi memoria para recordar y comparar precios. Pero estaba con mi viejo, quien me arrastró desprolijamente por todo el parque, repitiendo y omitiendo puestos en busca de revistas Life del año del pedo. Dos horas después yo estaba al borde de la histeria tratando de tranquilizarme repitiendome a mi misma: tranquila, es un momento padre-hija así que sonreí tarada, papá quiere hacer algo bueno por vos, es el único que te defiende... vamos Marina, no todo tiene que ser perfectamente ordenado y planeado. Finalmente mi viejo me dice:
- Yo ya estoy, vamos a ver lo que vos querés.
Por supuesto yo ya tenía los libros que quería ubicados y había comparado precios. Por lo tanto, en menos de media hora mi compra estaba hecha.
De regreso, nuevamente los piqueteros nos eligieron como compañeros de viaje y mi culo siguió socializando. Mi papá estaba feliz porque cumplió con su rol de padre y yo también porque hasta dentro de un año él no va a tratar de ser una padre ejemplar metiéndose en mis cosas.
Cuando llegamos a casa yo estaba de muy mal humor y lo que menos quería era que me pregunten:
-¿Qué compraron? ¿Cuánto? ¿No había algo mejor? ¿Cambiaste los libros que había que cambiar?
Fui derechito a bañarme y por supuesto alguien se había bajado todo el termotanque. Ni daba para mudarme al otro baño así que con agua fría tuve que bañarme. Mi histeria no se aplaca.

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