domingo

Me acuerdo muy bien, eran las cinco de la mañana. Sabía que te iba a encontrar. Te ví en la esquina con tus amigos, vos me viste venir y te escondiste a la vuelta para que yo no te vea. Tu cabeza se asomó con poco disimulo. El resto de tus amigos estaban escondidos en la otra esquina, recuerdo que uno de ellos tenía muletas. Agradecí infinitamente haber agarrado ese cascote, elegí la punta más filosa y me encargué que esté bien a la vista. Saliste de tu escondite, me dijiste mami y agarraste mi bolso. Viste el cascote, y yo con mucha más facilidad que vos recuperé mi morral de entre tus manos. Caíste en la cuenta que, con la pinta que tenía yo esa noche, mucha guita no me ibas a sacar. Te pasé de largo a vos y a tus amigos, ni me preocupé en acelerar el paso.

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