viernes

Todos los días, conciente o inconscientemente, elijo una persona para odiar. De esa manera me resulta más fácil controlar mi temperamento. No hay sorpresas, todo mi odio lo descargo contra esa persona y así evito heridos. Es como un sacrificio ritual. Hoy le tocó a la persona que justo se vino a sentar al lado mío... no fue un buen día para nadie.

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